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EDICIÓN IMPRESA – Tips para comprar su embarcación sin pecar

LOS SIETE PECADOS CAPITALES (en épocas de crisis)

“Siempre es mejor dar el sermón antes de estar en el lugar del que lo recibe”. Por eso trataré – tal vez como un ángel de la guarda ó quizás infructuosamente – de alertar sobre las tentaciones que se pueden presentar al tomar la decisión de comprar una embarcación.

Tal vez Ud. ya ha pecado en el ambiente náutico. Tal vez cayó en la tentación de “comprar mal” y aún está sufriendo en el caro purgatorio del servicio y mantenimiento. Tal vez cayó nuevamente en el pecado de reincidir y comprar peor, en esa trampa en que entramos sabiendo a conciencia que ese no era el camino correcto. Tratemos entonces de evitar ese infierno de ver cómo sus dólares – o esos muchiiisimos pesos que juntó con milenaria paciencia y sacrificio- vuelen por el aire para no verlos nunca más luego de comprar, literalmente, un problema y no un barco.

PRIMER PECADO: BOTE CARO NO NECESARIAMENTE ES EL MEJOR. NO GASTAR MUCHO MÁS DE LO QUE PODEMOS
Es importante tener claro qué se quiere comprar. El gasto inicial no siempre debe ser mayor a lo que se tiene presupuestado, pues la creencia de que un esfuerzo inicial será sólo por esa vez y se justifica, es un error. Si está a dieta y va a un tenedor libre la dieta se rompe. Los gustos no deben ser más grandes que la billetera. Si Ud. dispone de una cifra, por ejemplo, de U$S 75.000 y encuentra su cabin cruiser ideal, pero también le ofrecen el mismo barco, impecable y mejor equipado por U$S 110.000, lamento informarle que Ud. va a pecar. Piénselo. Compre lo que esté a su alcance y lo irá equipando de a poco, aunque hoy el mercado no disponga de esos accesorios importados, ya aparecerán, sea paciente y prudente. O tal vez, por sus mismos dólares iniciales le ofrecen un barco de cuatro o cinco pies más, más viejo pero muy seductor para su gusto. Pecado. Ud. gasta lo mismo que al principio pero todos sus gastos fijos que estudió una y mil veces se incrementan: amarra, seguro, consumo, matrícula… y alguna cosita que debe reparar. Antes de concretar piense en su plan inicial y su esquema de gasto mensual fijo.

SEGUNDO PECADO: MÁS GRANDE O MÁS CHICO, UN PECADO COMUN
Precisamente, es importante saber qué tamaño y tipo de barco necesitamos. El tamaño de la embarcación está directamente relacionado con el trabajo requerido a bordo y la cantidad de dinero que hay que gastar para hacerlo funcionar. Si su embarcación tiene mucha manga, tal vez no pueda dejarlo en guardería y deba quedar en amarra. Tal vez la amarra quede más lejos de su lugar favorito, por lo que deberá gastar más en llegar a su barco –tiempo y dinero-. Barco en amarra tiene más gastos de mantenimiento, horas de su descanso para “hacerlo usted”, esos pequeños mantenimientos que en una embarcación más chica y en guardería no suceden. No peque por mucho o por poco. Realice un plan “realista” de su gusto y necesidad acorde su siempre solicitada billetera. Barco lógico mata gastos no deseados.

TERCER PECADO: PIFIAR DE MODELO
El sentido común es tal vez un regalo del cielo. Aunque tenga en claro el tipo de bote o barco de sus sueños, es vital que baje a tierra y busque su equipo adecuado. Una lancha rápida, de líneas sensuales puede cautivarlo pero… ¿sabe timonear a alta velocidad? ¿tendrá sombra a bordo y un pequeño baño para niños o invitados? ¿habrá una adecuada circulación dentro de la misma cuando esté fondeado o todos guardarán sus lugares todo el día? A contrapunto, ha elegido para desestresarse comprar un barco de desplazamiento: un yate sobrio, marino, económico, gigantesco y lento, muy lento. Si Ud. dispone de mucho tiempo lo disfrutará pero si quiere un barco ágil, lo odiará. Sabiendo que los yates son grandes foros de sociabilización, mucha gente tiene grandes barcos que disfrutan con amigos en la amarra mucho más que navegando. Y es una raza en crecimiento. La elección del modelo o tipo de barco adecuado es un laborioso balance de las expectativas a concretar con la compra de esa embarcación donde todas puedan lograrse. Si la elección es incorrecta, su pecado de mala elección no lo hará feliz.

CUARTO PECADO: POTENCIA INCORRECTA
En términos generales, en lanchas por ejemplo, los argentinos pecan en sobrepotenciar los equipos con muchos hp de más. Poca autonomía, mucho consumo, relaciones peso-potencia desmedidas y si la embarcación vuela sobre el agua, sea honesto con usted: ¿podré timonearla con seguridad? En general, los precios iniciales se incrementan por motores más potentes y los consumos excesivos le harán gastar más dinero adicional en cada salida. Pruebe lo que va a comprar. Analice cual es la potencia recomendada por el astillero (máxima y mínima). Obtenga un planeo limpio y efectivo y navegue a media velocidad con el casco bien lanzado y en equilibrio. Con los cruceros sucede, en algunos casos, lo mismo. Muchas veces más potencia no significa que el casco planee sobre el agua; algunos fondos sólo empujan más agua, gastando combustible en forma irracional porque, precisamente, son cascos de desplazamiento o semi desplazamiento y le pusieron hp de sobra como para levantar vuelo, y en verdad, el barco hace lo contrario: se arrastra sobre el agua. Para no pecar en este caso, solicite ayuda profesional (de un técnico o ingeniero naval, no de un sacerdote).

QUINTO PECADO: EL ALIADO CORRECTO A LA HORA DE REPARAR
Los fierros, fierros son. Se rompen. Deben tener mantenimientos –correctivos y preventivos-; al decir vulgarmente “fierros” no sólo me refiero a la mecánica integral, sus sistemas y servicios de a bordo, sino también al casco, sea de PRFV, madera, acero o aluminio. Y es vital en la vida de un nauta tener mecánicos y talleres de confianza. ¡¡¡Que tema Teté!!! Hay muchos profesionales en el ambiente y debe elegirse acorde a quien le brinde confianza verdadera. Los costos muchas veces deben estudiarse por la variación existente, pero es aconsejable concurrir, por ejemplo, a quienes poseen la representación oficial de la marca del motor o al astillero constructor si realiza esos trabajos, o al taller o varadero que mejor pueda contener sus necesidades y exigencias. Mucha gente que compra un barco usado sigue con el mismo mecánico que atiende la embarcación desde sus inicios. O lleva su propio mecánico de confianza. Haga lo que haga, no peque en meter mano Ud. mismo donde no entiende nada y confíe en su profesional elegido. No peque de desconfiado. Ni por muy confiado.

SEXTO PECADO: TODOS DE ACUERDO, TODOS FELICES
Comprar una embarcación es algo especial. No es un auto. Es algo distinto. Puede ser suyo, o en sociedad con un amigo. Tal vez ambos tengan esposas, o no. ¿Hijos? ¿Cómo se reparten el cronograma de salida? ¿los gastos? Este tema es por demás complejo, y el pecado original es comprar sin conocer certeramente que quiere y que espera cada uno de ese barco y su plan de navegación familiar o compartido. Navegar es una diversión y si alguno no está contento, prontamente los otros no lo estarán. Hablemos en castellano puro: si compra un barco y su mujer también decide, deben estar completamente de acuerdo del uso del mismo: ¿cuánto dinero gastarán inicialmente y para mantenerlo? ¿plan de navegación en el año? ¿invitados? ¿cruceros largos o de día? ¿familiares adicionales o amigos? ¿horarios de trabajo y placer pueden compatibilizarse? ¿responsabilidades? Si todo se habla con suficiente antelación y claridad, todo será mejor. El consenso es imperioso. Si el barco se compra en sociedad, las charlas previas deben ser más rigurosas entre las partes antes de adquirir el bien. Hay que planificar y cambiar puntos de vista, hacer cronogramas y ponerse de acuerdo en TODO. Si la relación entre las partes es áspera antes de comprar la embarcación, una vez a bordo, no serán mejores. Pecado seguro.

SÉPTIMO PECADO: REALMENTE… ¿QUIERO UNA EMBARCACIÓN?
Esta revista y esta nota alientan a iniciarse en la náutica o seguir disfrutándola a todos aquellos que ya son viejos navegantes. Alimentamos inconscientemente sus propios sueños de barcos hermosos, lugares majestuosos, mujeres soñadas a bordo, con torsos bronceados y diminutas bikinis, el cabello al viento y un trago en la mano disfrutando del sol, música y amigos… todos los sueños podrían hacerse realidad en nuestro humilde barco. Sueños con otro factor de escala pero sueños al fin. Pero, la pregunta del millón en esta reflexión brutal: ¿Ud. realmente quiere una embarcación? Hay gente que en verdad no debería tenerla. Son aquellos que pecan mucho más que siete veces. Muchas veces, compran un barco y descubren que temen al agua, no pueden conducir su propia embarcación, dudan mucho, falta decisión ante una emergencia, no interpretan las luces y marcas, no conocen los factores climáticos básicos, etc, etc. La seducción de comprar un barco como antes mencioné suele ser bastante diferente en muchos casos: un río o mar muy picado, lluvia moderada y continua, poca visibilidad, alguna visita descompuesta de rodillas sobre el inodoro, perderse en el río, quedarse varado… Navegar es una cultura y un pasatiempo que se inicia con un barco y continúa toda la vida. Será un eterno transportista de montañas de cosas de su casa al barco y viceversa. Deberá limpiarlo minimamente si no contrata un servicio. La excitación se acepta, el miedo nunca. Ud. puede aprender de a poco y llegar a desarrollar sus capacidades para disfrutar a pleno su propio barco.
Si realmente entiende que la náutica es una buena amiga para su vida, siga los pasos tradicionales: navegue con amigos y conocidos en embarcaciones ajenas, anímese a alquilar algo para ver cómo se siente y luego, cuando se sienta seguro –y algo experimentado- a comprar el barco soñado.

Texto y fotos: Gustavo Revel

barcos@barcosmagazine.com

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