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EDICIÓN IMPRESA – La casa del agua

COMUNIDAD NAUTICA EN EL CLUB SAN FERNANDO #VIVIRENCASASFLOTANTES

Vivir en casas flotantes en nuestro delta lleva ya unos años de historia; pero una nueva comunidad náutica en el tradicional y querido Club San Fernando ha tomado vida y color de la mano de gente que busca un cambio de vida, en un marco natural excepcional pero apenas a minutos de la ciudad. Merece la pena conocer esta nueva filosofía de vida.

Vivir en casas flotantes no es nuevo, pues ya, desde hace más de una década hay en el rio algunas construcciones flotantes habitadas. Pero, pandemia mediante, mucha gente empezó a considerar que vivir en el agua o, al menos tener una casa flotante para el tiempo de ocio, es una buena alternativa y plan de vida; libres, tranquilos, conviviendo con el medio natural, con amaneceres y atardeceres soñados y ahí mismo, a minutos de la ciudad. El Club San Fernando acepta este desafío y utiliza la laguna del club que se encuentra frente a sus instalaciones cruzando, en siete minutos, el río Luján. Así nace una comunidad náutica que recategoriza un estilo de vida en el agua. Algunos de sus integrantes tuvieron la gentileza de invitarnos y compartir conmigo sus mágicas experiencias, que resumidamente transcribo para ustedes.

Barcos: Nos presentamos…
Verónica Kolodesky: Soy dueña de la casa 3 desde noviembre pasado. Claramente, yo quería una inversión, algo distinto con renta de ser posible que no me lo daba una casa en un country –que tampoco llegaba-, o un departamento en capital. A su vez, quería algo que pudiera disfrutar, entonces comencé a buscar y llegué justo aquí. Estoy enamorada del concepto y de mi casa, incluso, me mudaría aquí. Yo vivo en Barrio Norte, pero me tira venir, me encanta el concepto, juntaros, saludarme con los vecinos… es un ámbito soñado.
Barcos: ¿Cómo se siente vivir aquí necesitando algo y tener que ir a buscarlo al continente, por así decirlo?
Andrea Piperata (propietaria): Igual que en un barrio privado que, hasta llegar a la salida del mismo, tenés 15 o 20 minutos por velocidad máxima, sino te multan- y de allí al comercio. Lo podes hacer igual, pero en general, nos catalogan de “loquitos” por vivir aquí –risas-.
Barcos: ¿Loquitos?
AP: Sí –risas- yo creo que el perfil de las personas que convivimos en el barrio es diferente al que quiere vivir en la ciudad. Siempre que digo donde vivo me miran raro… Es que salimos de lo tradicional, pero como ves es una casa normal, con todas las comodidades y servicios, y la única diferencia es que en lugar de estar sobre cemento está sobre agua y que al abrir la ventana todos los días en lugar de ver cemento veo el sol reflejado en el agua, o unos amaneceres rojos que son pinturas, un lujo…
María de los Angeles Segovia (propietaria): … amaneceres, atardeceres, los colores que vemos a diario son increíbles y no pasan desapercibidos.
VK: Una tarde estaba hablando junto a Jorge, otro vecino, de espaldas al oeste y me dijo: “mirá, date vuelta y observa los colores del cielo” y vi un atardecer en una increíble gama de colores naranja que pocas veces pude apreciar.
Barcos: Obviamente los colores y las vistas que experimentarán desde aquí deben ser magistrales…
MS: Los colores del otoño son otra pintura de cada día y obviamente, no deja de asombrarnos a los que vivimos en la ciudad porque allí no nos damos cuenta… todo pasa rápido y no vemos nada. Viviendo aquí empezás a interpretar el tema de la luna, los vientos… estas pendiente de otro tipo de cosas.
AP: La marea, los vientos, el frio o el calor… todo hace que el paisaje cambie y lo disfrutes desde tu ventana al salir o al llegar.
MS: Yo tengo una nena de tres años y estoy siempre atenta a ella con las cosas de todos los días, las cosas de madre… sin embargo, este entorno no deja de sorprenderme y me ofrece un contexto distinto en la crianza.
AP: Cuando vamos a la isla (frente a sus casas) les digo a María y su marido: “¡miren el patio trasero que tienen en su casa!!”, criar a su hija en tanta libertad es increíble.
VK: Esto te baja a la realidad todo el tiempo. No podes vivir en automático.
AP: Es lo que siempre digo. No pasan los días como si nada. Siempre hay algo que te llama la atención. Te atraviesa la naturaleza.


Barcos: Alguna de las tres ¿tienen antecedentes en la náutica? me refiero a navegar, a nuestro medio.
MS: Mi marido es marino, pero ninguna de las tres tenemos esa experiencia.
Barcos: Ese perfil es ideal, por eso disfrutan tanto el entorno y las costumbres, además de la experiencia nueva de vivir a flote.
AP: Yo puedo decir que es una experiencia superadora. Es obvio hay algunos cambios respecto de vivir en una casa en la ciudad, los hay.
VK: Pero fíjate sin embargo, acá estamos y cada vez hay más demanda.
Barcos: Lo que charlamos hasta aquí y viendo el perfil que ustedes tienen es ideal para preguntarles cómo se fueron adaptando a toda esa operatoria de salir y llegar a su casa –atravesando el club y el río-, de sumar minutos (o no), de lidiar un poco con las variables del río y sus inclemencias… ¿Cómo se reconfigura el día a día desde aquí?
MS: Un día mío es normal, pero uno se adapta a situaciones. Hay un valor agregado de estar aquí que es el que hablábamos recién, de poder ser testigos de todo esto. La vida se hace diferente y creo que por eso elegimos esta magia que tiene el lugar, pero sabemos entender que de alguna manera hay… imponderables, pero que no nos cambian la vida, porque en “tierra firme” también puede suceder. A veces tengo que salir por algún motivo no previsto, es una movida con la nena… pero uno se adapta. Siempre.
Barcos: Justamente, tu hija, que aún es chica, ¿cómo se adapta a esta vida, al menos hasta ahora?
MS: Aun con tres años, es muy chica. Sin embargo, creo que los niños se adaptan más rápido que nosotros. Ama la “casa del agua”. Estuvimos unos días en casa de la abuela y ella pedía “ir a la casa del agua”. Otra anécdota fue que hace un tiempo tuve que ir hacia el centro, pero en tren. En un momento en plena ciudad, se tapó los oídos con desesperación y dijo “mamá, ¡¡hay mucho ruido!!”. Ahí me di cuenta que esto es muy distinto a la crianza habitual. Tal vez no sea toda la vida pero será muy diferente en su crianza.
VK: La diferencia del tipo de vida es notoria. Y en verdad, yo vivo en Capital, como te dije y llego aquí en 40 minutos. Amo Pilar, pero ¡me parece lejos! Estamos aquí y aun no puedo creer el cambio de vida que pude lograr.


AP: Recién hablabas de cómo readaptarse a los tiempos de estar del otro lado del Luján, apenitas ahí. Te comento que soy paisajista y trabajo en barrios privados. Si una casa está en los primeros lotes de la entrada, tardas cinco minutos en llegar. En barrios grandes, no menos de veinte o más, porque la velocidad es mínima o tenés multas. Estando aquí tenemos la lancha del club puntualmente cada 30 minutos, 24 horas; los chicos son fantásticos, te cruzan sin problemas y te ayudan. En ocho minutos cruzo. Si pierdo una lancha, ¿Cuál es el problema? La espero media hora, acá bajas el ritmo. Me quedo en el auto a responder whatsapp, me siento en el muelle, camino, disfruto del club, es así de simple. Todo se disfruta.
VK: Yo soy vecina de María; charlamos mucho de deck a deck y eso es muy diferente a vivir en un edificio que muchas veces no sabes quién es tu vecino de piso.
AP: Yo vivía en un edificio, en Capital, un hermoso barrio, mucho verde, densidad poblacional baja, Villa del Parque, frente a las vías del tren, arboleda hermosa, ocasionalmente, se escuchaban bocinazos, o una alarma de auto o casa. A pesar de ser un barrio hermoso, esos ruidos me ponían muy mal, no los toleraba más. Cuando vi esto entendí que mi vida cambiaría. Mis temores eran de estar muy sola aquí, ya que en el edificio tenía amigos y de alguna manera eran mi día a día o tu contención. Y aquí estoy, con un grupo de vecinos fantástico y un estilo de vida soñado.
Barcos: ¿Cómo encontraste este lugar, o la opción de las casas flotantes?
AP: Decidí que debía mudarme de donde estaba. Necesitaba un cambio y estaba abierta a ver todas las zonas posibles. Yo tenía un lote en un barrio cerrado, me faltaba un pucho para construir, no había crédito… en fin, lo que todos sabemos. Decidí vender el lote y comprar un departamento; me abrí a todas las publicidades que aparecieron, y me llegó esto y lo vine a ver, ¡me enamoré!. Vi la primer casa, la de Mary. La sensación que tuve al estar en la casa fue hermosa, no me quería ir. Vine dos veces más con amigos para que ellos me ayuden a buscar la quinta pata al gato y decidirme…
VK: Yo hice lo mismo. Hablé con mis hijos, expliqué la idea, les encantó. Ellos son grandes y pensé: una vez que compré ellos no vienen más… y vienen siempre, ¡les encanta!! Yo vengo los fines de semana y me escapo apenas puedo. Googlée casas flotantes en el mundo, busqué pro y contras, y todo me cerró perfecto. Estoy muy feliz.
Mientras seguíamos charlando, un bote se acercó a la casa y desembarcó Jorge, otro vecino del agua, para sumarse a la mesa.
Barcos: Me gustaría me cuentes tu experiencia con tu casa y el barrio.
JD: Soy Jorge Durietz. Vivo en la casa del fondo, que es otro concepto de casa pero convivo con el mismo grupo de vecinos. Te invito a que la conozcas.
Barcos: ¿Cómo es tu historia hasta llegar aquí, al barrio?
JD: Yo siempre estuve por aquí desde muy chico, desde los cinco a los doce años. Mi padre tenía un barco y era el plan de siempre navegar, remar, etc. Vivíamos por Belgrano. Hace varios años que me propuse volver, hacer una casa y realicé mi proyecto en pandemia. Le encargué a un Ingeniero Naval un proyecto y finalmente lo hice: vivo en mi casa con mis dos hijas. Estoy muy feliz.
Barcos: ¿Por qué elegiste este formato de vida tan especial?
JD: Como te comenté, de chico venía aquí, me gusta mucho la náutica. Soy timonel, hice muchos cursos, siempre me gustó en especial la vela, aunque nuca tuve barco. Mi próximo proyecto es tener un barco a vela, amarrado a la casa, para disfrutar con mis hijas que también hicieron cursos.
VK: Jorge es el único nauta, para nosotras es todo nuevo, por eso tal vez nos fascina y asombra todo. Y es nuestro ciudadano Ilustre.
JD: Tengo un mix de náutica y música. Amo la música. Siempre pensaba tener un estudio de música en el agua.
Toco la guitarra, y tenía un dúo que se llamaba Pedro y Pablo, que tal vez escuchaste alguna vez… La marcha de la bronca, yo vivo en una ciudad… y después hice otros estilos de música, con otra gente.
Comentario adicional de este periodista, fuera del reportaje: cuando me dijo quién era, no pude procesar rápidamente con quien estaba hablando, es decir, quien era Jorge. Para los más jóvenes que quien escribe, Pedro y Pablo fue un duo de rock, con históricas canciones de protesta allá por los finales de los años 60. Jorge Durietz y Miguel Cantilo son considerados como pioneros del rock nacional. Admito que, al asociar con quien estaba dialogando, sentí internamente un gran honor de compartir ese espacio de tiempo con alguien que fue artífice de una época dorada musicalmente hablando. Entendí lo de ciudadano ilustre…

Barcos: Un estudio de grabación flotante sería excelente…
JD: La acústica seria perfecta, hoy hay equipos increíbles.
VK: El da clases de guitarra en su casa, y me pareció fantástico. Yo soy psicóloga y pensé hacer unos encuentros en casa. Esto genera otros espacios, otros momentos…
MS: El querer compartir, todos los que vienen quedan flasheados con esta nueva modalidad. Estamos dentro de una zona urbanizada, a metros de la ciudad y pero en un espacio libre, ahí, a un pasito…
JD: Esto es algo absolutamente nuevo y va en crecimiento, en pleno desarrollo.
AP: El Club San Fernando está trabajando en esta nueva infraestructura que va creciendo. Todo es nuevo, no sólo para el club. El concepto está tomando forma.
JD: Estamos en el límite de la naturaleza con la vida en la ciudad, a sólo siete minutos del continente. Estoy pensando vender el auto porque no lo uso. El servicio de cruce del club es excelente, y su gente buenísima.
Barcos: ¿Es necesario tener un bote o lancha como complemento en la casa?
VK: No necesariamente. Podes compartir un pequeño bote o kayak para ir la casa de un vecino, pero equipos más grandes no. Tal vez si quieras navegar adicionalmente, pero para la vida diaria no hace falta.
Comentario: Todos compartieron esa idea.
Barcos: Hablemos de la vida nocturna, esas salidas a la ciudad a reuniones y demás… ¿cuesta arrancar?
AP: No, para nada; arranco, me visto bien, me pinto y salgo a cenar; uno se mueve y sale como de cualquier casa común. Mejor dicho, es como salir de un barrio privado, tardas unos minutos hasta llegar a la calle. Y volvés a las tres de la mañana, te subís a la lancha y te trae hasta acá. Y si te llega a pasar algo, tenés gente a quien llamar, están en un minuto. Y si hay emergencia, Canal 16, está Prefectura.
VK: Cuando vine era nueva incluso náuticamente hablando. Cuando empecé a instalar la casa, venía con bolsas, cajas etc, y los chicos me ayudaron con todo –personal del club que cruza a los socios-. Te recuerdo que todos los vecinos somos socios del club. Todos te dan una mano y tienen predisposición. Armamos una gran familia. Básicamente No estás sólo.
Barcos: ¿Que les faltaría? ¿Qué añoran? En la casa, en el entorno.
Todos: Es una buena pregunta…
AP: Para mí dos cosas: La infraestructura se está haciendo, está en proceso. Tener un domicilio legal aquí, que aún no está claro, algo que se irá logrando con el tiempo. Cosas muy simples que se van mejorando y modificando todos los días.
JD: Hay un cuidado importante del medio ambiente. Hablamos mucho de la ecología porque estamos en un hábitat sensible; los baños tienen biodigestores y hay una buena renovación del agua por amplitud de marea, quizás en un futuro, si esto crece mucho, habrá que mejorar y ampliar infraestructura para este tema, siempre y cuando esto se expanda mucho más, aunque no lo creo porque el proyecto tiene limitantes, afortunadamente.
JD: Como verás estamos muy bien y felices.
Respecto del Club San Fernando, quiero agregar que el servicio y atención para con nosotros son impresionantes, así también las instalaciones son excelentes, somos muy bien tratados.

La charla se prolongó en extenso. Ya era como de la familia. Habitar en la casa de Andrea fue mágico: en verdad no da ganas de irse: el sol, la vista de una fría mañana, un café y excelente compañía de ese grupo de vecinos hizo que el tiempo se pasara volando. En lo personal me fui entusiasmado por saber que hay una nueva alternativa de vida, a bajo costo y en lugares que sólo unos pocos valientes privilegiados supieron descubrir.
Y lo bien que hicieron.

Texto: Gustavo Revel
Fotos: Gustavo Revel & Gentileza Andrea Piperatta y Verónica Kolodesky

barcos@barcosmagazine.com

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