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EDICIÓN IMPRESA – Persona detrás del personaje: Martín Billoch

Hablar con Martín Billoch es adentrarse en un mundo de yachting que van desde el Cadet, Optimist, pasando por el 420 y el 470, Micro, IOR, IMS y llegar hasta las regatas internacionales de primera línea. Feliz con su última creación, el BZ33, suelta sus recuerdos con toda naturalidad, sus hijos, sus amigos, sus barcos y sus recuerdos. Lo que hace, lo que hizo y lo que hará.
Vive en el Club Náutico San Isidro, a bordo del “Inés” con su mujer Loli y nos cuenta que estaría saliendo rumbo a Europa con el Cippino para hacer su temporada allá. Pero, las circunstancias tan particulares que estamos viviendo hicieron que el viaje se postergara hasta el año que viene.
Nacido el 5 de noviembre del ’59, este arquitecto naval y experimentado regatista saca su mundo tan particular de la galera dando origen a esta charla super amena y divertida, sin desperdicio. Tanto vivido, tantos proyectos que se fueron haciendo realidad a través del correr del tiempo.
Ese tiempo que para él no se detuvo, ese tiempo que marca su pasión: diseñar, construir y correr regatas.

Barcos: ¿Tus inicios y posterior trayectoria en la náutica es una vocación heredada?
Martín Billoch: Mi padre vivía en Tigre y era remero. A raíz de ello, un día empezó a navegar y correr en Finn. Al casarse, las cosas cambiaron y retomó la actividad a vela recién cuando yo tenía 5 años cuando compró el Martín Fierro, un barco de madera y nos íbamos a San Juan, Riachuelo, pasando los veranos a bordo, toda la familia: 7 hermanos, 2 varones y 5 mujeres. Hacíamos cruceros con los Sieburger, Eduardo, Germán y Enrique, que vivían a la vuelta de casa y tenían un Platerito, un barquito de plástico parecido al Optimist pero con la vela triangular, en el que empecé a navegar. En San Juan fue que timoneé un barco navegando solo por primera vez y recuerdo perfecto el momento en el que me animé a hacerlo.
Luego seguí navegando como tripulante de mi hermano Paco, en Cadet, y como yo era el chico que lo molestaba, no me daba mucha bola. Corrí bastante en Cadet también con Martín Lange. En esa época también empezó Santi. Nuestras familias eran amigas y los fines de semana coincidíamos con él en las regatas, y con Sebastián, otro hermano, con quien e iba al colegio San Juan.
Navegamos 3 años en Cadet hasta que llegaron los Optimist en el ’70. Recuerdo que yo tenía el A1 y Santi el A3. Era un grupo muy lindo de 7 a 10 chicos que hacíamos una vida de club intensa, navegando día y noche.

Navegando con sus hijos en 29er

Barcos: Hablando de Santi, ¿leíste el libro que escribió en el que te nombra bastante?
MB: Lo tengo pendiente. Participé en el proceso, lo ayudé a recordar y revivir muchos momentos, así que tengo el libro y la historia muy presente.
Barcos: ¿En qué barcos navegaban después del Optimist?
MB: Vinieron los Optimist, Cadet, 420. Tenía 16 años y hubo un intento de traer los 420 (que después trajo Roberto Authier). Había 4, 2 de la Escuela Naval, uno mío que fue un premio por haber ganado el Mundial de Optimist y otro de Alejandro Kocoureck. En 420 navegaba con Paco, o Guille Baquerizas y Patricio James. Me acuerdo que le habíamos puesto alargador extendido con un batten y salíamos los dos en trapecio porque éramos bajitos… Pero el 420 en esa época murió, aun así, fui a un Mundial con Patricio James y dos con Guille Baquerizas. Cuando llegó el 470, teníamos 19/20 años, nos fuimos enseguida a estudiar a Inglaterra con Gabriel Schröder, Javier Etchart y Santi. Fueron 3 años para ellos, para mí 4 porque era medio vago…
En el año ’80 ganamos la selección olímpica con Juanjo Grande, gran amigo y tripulante de toda la vida. Iban a ser en Tallin, Moscú 1980 pero lamentablemente Argentina se unió al boicot por la invasión de Rusia a Afganistán por lo que finalmente no participamos de los JJOO.
Teníamos organizada una gira ese año, fuimos a correr a Europa 4 campeonatos y nos fue muy bien: 19º en Kiel, 11º en Inglaterra, 4º en el Campeonato Europeo y una semana antes de Tallin estaba el Campeonato Nórdico que aprovechamos para entrenar y lo ganamos. Nos quedamos en la puerta de Moscú, con muchas posibilidades. Curiosamente, en ese momento no me importó no ir a los JJ.OO., me importó mucho después cuando me di cuenta de lo que se había perdido. Cuando tenés 20 años la mente se enfoca solamente en navegar, no tenés familia, no tenés trabajo, etc. no tenés todas las preocupaciones salvo el deporte por lo que podes correr mejor. Justo después de los JJOO me mudaría a Inglaterra a estudiar, no me di cuenta de la oportunidad perdida, es más, en ese momento mi reacción fue “Y bueno, en 4 años vamos a otros JJ.OO”, pero en 4 años seguía con mis estudios afuera, enredado con otras cosas mentales. Juanjo, más sabio que yo, opinaba que habíamos perdido la oportunidad de oro, y tuvo razón. Las siguientes dos Olimpíadas, yo ya estaba con otros planes.

El BZ 33

Barcos: Entonces fue el fin del 470…
MB: Por un buen tiempo si, me dedique al diseño, construcción y competición de barcos de quilla. Recién a los 36, Juampi Zizzi vino a ofrecerme probar los 470 que estaba haciendo en Argentina. No quise aceptar porque hacía mucho, como 10 años que no corría, le dije que buscara otro, no podía no haber otro más joven que le sirviera… Entre una cosa y otra me insistió y terminamos corriendo y ganamos el Sudamericano de 1994 creo, que se corrió acá, y ahí me enganché de vuelta. Y vino la clasificación para los Panamericanos en Mar del Plata, fuimos y clasificamos muy justo. Después vinieron los Panamericanos, ’95, medalla de bronce y al año siguiente ganamos la clasificación para los Juegos. Me saqué el gusto de correr las Olimpíadas, ya con familia y 2 hijos. Para esos JJ.OO. no fui a ningún campeonato en Europa, lo único que hice fue llevar un barco a Mar del Plata; trabajaba en el Estudio Frers en ese momento y nos tomábamos el ómnibus el viernes a la noche con Martin Rodríguez Castels, mi tripulante. Llegábamos de madrugada, en invierno, armábamos el barco, sábado y domingo entrenábamos solos, vuelta en ómnibus… y ese fue todo el entrenamiento que hicimos para los JJ.OO. Por suerte tuvimos un sponsor que era Banco Roberts, que nos compró un barco (Mackay, el mejor del mundo) y dos juegos de velas Ulman para Atlanta 1996. Llegamos 30 días antes de los Juegos, Irigoyen era el entrenador que nos armó el barco y le hizo la puesta a punto. Salimos a probarlo y de repente ¡éramos un avión! Navegamos un montón allá. Ganamos 2 regatas y hasta el último día tuvimos posibilidad de medalla, en la última no nos fue muy bien y quedamos 7º. Para sacarme el clavo de la “no ida” a Moscú y habiendo corrido sólo 2 años previamente, el tiempo me dio la revancha y satisfacción. No pudimos entrenar mucho pero lo máximo posible con las condiciones dadas… Yo creo que cuando en tu cabeza decis “no sé si hice mucho pero sí sé que hice TODO lo que pude”, da mucha confianza y tranquilidad, lo que te hace correr mejor.
Barcos: Aparte de Banco Roberts, ¿recibían apoyo económico en ese tiempo, o era todo a pulmón?
MB: No, todo salía del bolsillo y familiares, que me apoyaron toda mi vida y les debo muchas de las campañas y siempre había algún pasaje o medio pasaje de un club, Nunca me quejé por la plata, si vos querés competir y estás en un país con necesidades básicas en escasez, navegas con lo que hay, si considero que no tengo la suficiente plata para ir a competir, no voy y si voy, igualmente aprovecho la experiencia ganada en el entrenamiento.
En los juegos de Atlanta 1996 nos quedamos ultra satisfechos y sorprendidos, hubo varias cosas buenas. Haber ganado 2 regatas en los JJ.OO. estuvo muy bien.
Barcos: ¿Cómo era tu vida laboral en esa época?
MB: Yo trabajaba en el Estudio Frers y también por mi cuenta, de diseñador. En el año ’90 también trabajé de constructor, diseñé varios barcos de los cuales hay 27 proyectos que se construyeron, con más de 200 barcos en el agua, como los FAYD 30, micros, mini 12, Beagle 26, Pampa 21, Daysailer 21, Open 30, Open 5,7, etc.
En el año ’89 también trabajé en Plenamar y el amor duró unos meses… Ahí fue donde lo conocí a Miguel Fayad, del Astillero Fayd que le hacía las heladeras a Trama porque era un técnico en refrigeración. Un día Julio le preguntó cuánto le debía y como pago, le entregó un kit de Plenamar 30. Al tiempo, Miguel me llamó para pedirme que le dibujara un barco como el que le habían entregado, que durase todos los años que había durado el P 30’. Mi consejo fue que no dejara su trabajo para poner un astillero porque era un tema complicado. Me convenció y así nació el Fayd 30, fue dibujado en el ’92 , sigue ganando regatas y no parece un barco viejo aun hoy. También le construí las matrices y el primer barco que se llamaba UNO, con quien corrimos con éxito en el Campeonato Argentino FIC 1996 en Puerto Madero. ¡¡Gran evento!!
Barcos: ¿Y tu paso por Astilleros del Estuario?
MB: De los años ’90 al 93 trabajé para Christian Schmiegelow junto a Hugo Tosco en Astilleros del Estuario, cuando el ESTUARIO arrancó a construir los barcos de regata de Bruce Farr. Cuando los ejecutivos de Farr le preguntaron cuál era el historial de construcción de barcos de regata del astillero, además del Tango Too, Christian agregó el Jockey Club, mi diseño que era de carbón nomex, alta tecnología y se mostraron interesados. Se concertó una visita al astillero con la gente de FARR Internacional y quede como constructor en el astillero.
Hicimos 8 barcos Gaucho, Califa III, Tabasco que se fue a USA, Max Plus, Bwana, Full Cry, el barco de Christian América del Sur, que estaba en construcción cuando él murió lamentablemente en un accidente, y el Fuga. Después empezamos con el Mumm 36 todos de Farr y uno más de Frers. Fueron 10 en total, hacíamos uno cada cuatro meses, muy rápido. Fue una época muy buena, la de mayor aprendizaje de mi vida yo me hubiese quedado laburando ahí, pero después de su muerte quedó truncado el proyecto que incluía construir barcos FARR para la Volvo Ocean Race. No se dio, ya que era el alma mater de estos proyectos, Christian era un hacedor de negocios, él ponía las relaciones, era muy exitoso, su muerte a los 42 años fue una gran pena.
Barcos: ¿Y vos cómo seguiste?
MB: Dibujé algunos barcos más por mi cuenta, y volví al Estudio Frers, que entre idas y venidas trabaje 13 años. La primera vez fue a los 14 años, en diciembre de 1974. Luego, en 1979 volvía cada año hasta 1984 durante mis estudios en Inglaterra. Durante un tiempo armamos con Javier Soto una oficina de diseño donde trabajamos unos años, hasta que un día me llamó Germán preguntando si conocía a alguien para su estudio y lo convencí a Javier, para que fuera a trabajar con él.
Durante un tiempo, del ’94 al 2003 aproximadamente trabajé en el estudio Frers, es período me dio la comodidad y el tiempo necesario para estar con mis hijos en familia, enseñándoles a navegar y viviendo a bordo, haciendo mucha vida en familia, fueron años de crianza muy lindos.
Mientras tanto también navegué un poco, corría en barcos grandes, en Laser 5000 con Aldo Levis, en 49er con Mamu Caputo (actual tripulante de proa del Azzurra) yendo a dos preolímpicas y una Olimpiada, (Atlanta ’96)
Barcos: ¿Qué es lo que más te gusta, dibujar, construir o correr regatas?
MB: Me gusta mucho la construcción pero lo siento muy complicado hacerlo en este país. Después del Estuario abrí mi propio Astillero/ estudio de diseño en el varadero del YCA San Fernando, teníamos 4 o 5 personas en la oficina técnica, hacíamos reparaciones, modificaciones y ahí construimos un 53’ que se fue a USA navegando y 2 GP26 hasta que se complicó y lo vendí.
Ese lugar en el varadero, fue lograr una gran meta que me había puesto, que es tener un lugar donde diseñar, construir y correr mis barcos. Un sueño, que algún día deseo retomar.
Barcos: ¿Cómo se dio el proyecto de los 29er?
MB: Cuando fui a Australia en los años ’98, ’99 y 2000, a los preolímpicos en 49er, me hice muy amigo de Julian Bethwaite, el diseñador y le dije que quería traer el 29er a Argentina. Además, trabajé con él en algunos otros proyectos, en especial un barco de regatas de 8 metros que se construyó en Australia, llamado VIVACE. Construimos una excelente relación. Para construir los 29er en Argentina, Hablé con los Zizzi, a ver si querían construirlo porque yo no tenía astillero pero tenía la licencia y aceptaron. No quise hacer negocio con eso y se la cedí. Generosamente me entregaron un barco para correr y promocionar la clase, aunque había dicho que no correría más en barcos chicos, corrí por varios años en 29er con amigos y cuando mis hijos terminaron con el Optimist corrí con cada uno de ellos un Campeonato Argentino o un Mundial.
Barcos: Vos sos un tipo de la vela, ¿a qué le atribuís que casi no haya astilleros de vela en serie?
MB: Viene cayendo la industria de barcos a vela, tuvo grandes momentos, que espero vuelvan en alguna medida.
Me acuerdo cuando Mariani, en los años ’80/’85 me mostró un listado de astilleros de los cuales en ese momento había 70 a los que ellos, que eran Harken, les vendían herrajes y estaba bajando la cantidad. En este momento debe haber menos de 10 y eso que está la industria cerrada importaciones. Está dificil comprar un barco nuevo y, según pienso siempre se vendieron a un costo menor de su valor. Hay astilleros que empezaron con todo como Oceantech, un astillero superador con 120 empleados y super estructura. Otro caso similar fue Pandora. Si el barco se vende por lo que cuesta más la ganancia, es difícil tener compradores. Acostumbraron al cliente a la rebaja, eso referido a veleros. Es una pena porque acá había una industria pujante. Pero hay algo a favor para destacar y es que con el advenimiento de la Universidad de Quilmes mejoró la calidad de los diseñadores y constructores y nuestro país se nutrió de excelentes profesionales, sale gente muy bien formada.
Barcos: Contanos de tu último barco, el BZ33
MB: El BZ33, lo construí con mis hijos, en el espacio del astillero MBOATS que Javier Méndez me prestó; un poco también nos ayudó la gente que trabaja con él como Huguito Quintana Hernán y Luis. La idea era construirlo en el astillero de la Universidad de Quilmes de San Fernando, pero tardaron los permisos y accedimos a la generosidad de Javier y Lucas quienes además aportaron toda su experiencia y recursos de MBOATS, y varios valiosos regalos de elementos que tenían en el astillero y no estaban usando.
Barcos: ¿Quienes forman el estudio de diseño hoy?
MB: Hoy, estamos Joaco Zerbo y yo, tenemos o hemos tenido colaboraciones de Guillermo Gemini, Solano Leira, y varios muy buenos arquitectos de la U. de Quilmes.
Joaquín es un joven arquitecto naval que era empleado mío, ahora es mi socio y ¡¡pronto seré empleado suyo si me acepta!!.
Me acuerdo que Joaco tenía 17 y mi hijo 9 años, fueron en un grupo juntos a un Mundial de Cadet en Alemania. Ahí lo conocí, después lo volví a contactar porque era estudiante de la Universidad de Quilmes y a los 19 vino a trabajar conmigo. Fue en esa época que un día me llaman Santi Lange y Juan Kouyoumdjian para preguntarme si tenían algún buen dibujante y nuevamente cedí y lo mandé a Europa a Joaco. Actualmente está en la Copa America, en el equipo de diseño de Prada. Es un genio ¡Ya tiene tres Copa América en su haber! Cuando me enteré que se volvía para acá le pregunté si estaba para hacer algo, asociado. Y así fue, estos tres últimos años trabajó conmigo y a distancia con Prada y está para la próxima de vuelta.
Ése es mi socio, gran tipo y con una linda familia náutica de brokers, navegantes e instructores.
Cuando arrancamos hace unos años, nos enfocamos en un barco de regata, dibujamos un 37’, le tiramos la idea a todos los dueños de barcos grandes pero no se hizo. Y fue ahí que me cayó la ficha, y decidí hacerme el 33 pies para mi.
En ese momento la plata era justa, si no alcanzaba tenía el Inés para vender y poder terminarlo. Fueron pasando los meses de construcción y por suerte no hizo falta desprenderme de mi viejo barco de familia.
Otro pilar fundamental para hacerme el BZ-33 fue contar con una buenísima tripulación formada durante 5 año en el Delphis y Cippino, dos barcos clásicos en los que corremos los circuitos del Mediterráneo, es un excelente equipo donde cada cual se especializa en un sector del barco. Y así nació el BZ33 , dibujado, construido y corrido por este equipo. Y ahora nos dan ganas de seguir con un 40 pies.
Durante todos estos años en el agua, tuve la suerte de poder enfocarme en los 3 pilares importantes para desarrollar un barco exitoso, el diseño, la construcción, y el poder correrlo bien.
Yo tuve la oportunidad de hacer este 33’ one off de crucero-regata, pero, siendo quizás mi último barco decidí hacerlo a mi gusto, para correr regatas. Es bien espartano, pero muy bien terminado, la cubierta está rebajada. Si no se lo vendo a nadie no me importa, me lo quedo hasta que me muera… Es un barco para navegarlo y disfrutarlo. Hasta el momento le estamos dando duro a las regatas y venimos bien, nos anotamos en todas.
Barcos: ¿Y tus proyectos laborales?
MB: Hace varios años que corro y administro el Cippino y el Delphis, hice los planos y dirección de obra de la Kinch, la lancha de comisión de regatas del YCA, que compró un amigo y la estamos terminando, también trabajé en el 12m de madera del que mi hijo es capitán, con planos, dirección de obra, restauración y ya fue al agua. También estamos haciendo una quilla para el 33 de FMA, un dinghy para unos socios del club que quieren hacer un barco escuela moderno, son varias cosas que tengo.
Barcos: Una reflexión…

Con sus hijos

MB: Me llevo bien con todos, en tierra y a bordo, a pesar de tener fama de malo a bordo, mis hijos me calmaron, me educaron, me hicieron cambiar, me enseñaron muchas cosas, me hicieron mejor.
Hace años que no tengo apuro por nada, para mal o para bien ya está. No me pongo más metas difíciles, lo que hice, ya lo hice y lo que no, ya está. Me encanta diseñar, construir y correr, es una gran satisfacción poder hacerlo.
Me siento feliz en el día a día viviendo a bordo, vivo con Loli, mi mujer que es una gran suerte para mi y mis hijos cada tanto también vienen a bordo.
Me llevo bien con mis hijos, Cristóbal, Germán e Inés, corro con ellos, trabajé con ellos en el barco que hicimos juntos; más no puedo pedir. Fue mi mejor logro.

barcos@barcosmagazine.com

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