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Mujeres originales

CASA IRIARTE El apellido Iriarte es bien conocido en nuestro medio. Y sobre todo, por estar atendido siempre por su elenco femenino, quienes desarrollan todo su asesoramiento técnico con gran profesionalismo y seguridad. Ana María, Silvia

CASA IRIARTE

El apellido Iriarte es bien conocido en nuestro medio. Y sobre todo, por estar atendido siempre por su elenco femenino, quienes desarrollan todo su asesoramiento técnico con gran profesionalismo y seguridad. Ana María, Silvia y Liliana Iriarte compartieron su historia, desde los inicios de esta empresa familiar, reconocida por quienes, a diario, trabajan en el mundo de los barcos.

Texto y fotos: Gustavo Revel

Hace ya muchos años, recuerdo haber leído una frase que me originó mucha curiosidad y quedó grabada en mi memoria: “Emprender es vivir unos años de tu vida como la ma-yoría de la gente no lo hace; así podrás vivir el resto de tu vida como la mayoría de la gente no puede”.  La palabra emprendedor, por esos tiempos, no tenía el marketing y la actualidad que tiene hoy en el mundo laboral y empresarial. La Real Academia cita: emprender es iniciar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierra algún tipo de dificultad o peligro. Todos, o casi todos, hemos hecho, soñado, participado o iniciado  algún emprendimiento; pero hoy  tengo suficientemente claro saber que “vivir como la mayoría de la gente no puede”, no refiere a lo material solamente, sino que abarca un abanico de buenas costumbres que, como todo lo bueno, se va perdiendo entre las peleas cotidianas de la vida. Mucha gente no puede vivir con dignidad, con afectos, con humildad, honestidad, con reconocimiento de propios y pares, con agradecimiento o sinceridad… pero muchos lo logran. Justamente  hoy, en una charla compartida con Ana María, Liliana y Silvia Iriarte, vino a mi memoria esa frase grabada, y pude entender y poner en práctica  perfectamente el término emprendedor, merecido título dedicado a su padre y madre y, ergo, a ellas mismas, quienes siguen reinventándose con singular armonía.

Barcos: Siento mucha curiosidad por saber cómo empezó la propia historia de Casa Iriarte, quien hoy provee a nuestro gran mercado naval y náutico…

Liliana Iriarte: Nuestro abuelo, Cayetano Iriarte, tenía una ferretería en San Fernando, frente al Canal, Calle Colón 984, allá por el año 1930, aunque no tenemos registro escrito exacto de esa fecha; cuando mi padre, Martín Francisco Iriarte cumple veintidós años, en el año 1946, nuestro abuelo lo ayuda a iniciar otro negocio, donde vendía conexiones de bronce, mangueras, algo de ferretería y además artículos de electricidad y accesorios del automotor, justamente porque ese mercado iniciaba su expansión. El local estaba acá cerca, en Cazón 80 (Tigre, Buenos Aires).

Silvia Iriarte: Era una época donde el Canal San Fernando tenía vida propia, pues todas las lanchas, chatas  y barcos de trabajo llegaban al canal, con gente y mercadería de las islas. Era una época muy pujante, el delta estaba en su esplendor…

Barcos: El negocio de su padre y abuelo ¿ya tenía algo de equipamiento náutico? 

Ana María  Iriarte: No. El de nuestro abuelo era ferretería básicamente, en especial herramientas y bazar, algo así como un gran almacén de ramos generales… era uno de los principales proveedores del mercado isleño. El negocio de papá tenía otra consigna: además de algunos productos de ferretería, apuntaba al automotor (encendido y accesorios).

Barcos: ¿Desde cuando están aquí, en este local de Cazón 195, y cómo ustedes se fueron integrando a la empresa de su padre?

A.M.I: Estamos  aquí  desde 1977. Y siempre estuvimos, de una forma u otra en el local con papá. Arrancamos desde muy chicas. Íbamos  siempre a acompañarlo, veníamos de la escuela y hacíamos los deberes  allí, siempre nos fuimos acomodando para pasar por el negocio donde nuestro padre pasaba largas horas trabajando. 

 L.I: Pensá que toda la contabilidad se hacía a mano, llenado libros infinitamente grandes… recuerdo que ya con 12 años ya estaba trabajando ahí, pegada a papá, haciendo esas tareas administrativas…

S.I: … y atendiendo, pasando la escoba, yendo a buscar cambio. Liliana estaba más en Colón 984 y Ana María en Cazón 80, luego concentramos todo aquí.

A.M.I: Al fallecer nuestro abuelo, papá se tuvo que hacer cargo del local del Canal, además de su propio comercio (Cazón 80). Constituye una sociedad con un amigo para seguir con ambos negocios. Luego de aproximadamente 20 años, el socio decide no continuar en este comercio ya que tenía su propio proyecto que venía desarrollando paralelamente, distinto a nuestro rubro. Fue una separación amigable y consensuada, pero… ¿Quién se ocuparía del negocio?

L.I: Entonces mamá dijo “me ocupo yo”. Recuerdo que mi padre le dijo: “no sabes el oficio, es difícil”  Y mi madre, muy firme y segura le dijo: “aprendo”.

Barcos: Para esos tiempos no era común ver a una mujer atendiendo un local donde básicamente era todo muy técnico y el rubro netamente ocupado  por hombres, profesionales o no… ¿Cómo hizo para integrarse en ese ambiente?, y de hecho ustedes también…

S.I: Hoy es otra cosa pero el inicio fue la gran voluntad de mamá de aprender a atender el local; ella decía que aprendió muchísimo gracias a los clientes, que le tenían mucha paciencia y respeto. Los clientes le decían “en ese frasquito están los tornillos de media pulgada de inoxidable”, etc, etc, y así fue sumando conocimiento, armando pedidos, marcando las estanterías…, por supuesto con la asistencia nuestro padre y después, o casi en sintonía, nosotros comenzamos a colaborar más activamente 

A.M.I: Si, éramos muy chiquitas… teníamos 10, 12 años… pero empezás a aprender en seguida, jugando, como por ósmosis… y en verdad los clientes nos respetaron mucho en toda la historia, no tenemos nada que decir en general.

L.I: Siempre trabajamos de igual a igual con un cliente, con un proveedor, un gerente de banco; es bueno decir que nunca nos discrimi-

naron por ser mujeres, nada malo para decir al respecto. Sólo a veces se sorprendían que comprendiéramos lo que necesitaban y que pudiéramos resolver su inconveniente. Yo empecé con papá en este local, después vino Ana María y luego Silvia, porque cada una hizo su carrera, su trabajo, su familia, sus hijos.

A.M.I: Yo estuve en el negocio desde los 10 años, como dijimos en tareas acordes a la edad. Más adelante cuando cursaba en la facultad, trabajaba medio tiempo, siempre nos turnábamos y consensuábamos horarios de acuerdo a la disponibi-

lidad. Si alguien tenía un trabajo fijo, colaboraba un sábado para liberar a otra y así nos acomodábamos.

L.I: Mi padre falleció en 1986 y fue allí donde nos integramos de una forma más ordenada; había que,  definitivamente cambiar el esquema, pero todas seguimos también con nuestras vidas, y nos fuimos rotando cuando alguna necesitaba tiempo propio para familia u otro trabajo. Siempre hubo un fuerte vínculo, quizás sea el secreto que nos legaron nuestros padres.

Barcos: ¿Cuándo empieza Casa Iriarte a ser proveedor del mercado náutico?

A.M.I: Ya estábamos todas juntas, allá por 1991, y fue cuando decidimos dejar de vender accesorios del automotor, elementos de electricidad y demás…

Barcos: Agrego algo más… ¿Qué fue lo que determinó entrar en la náutica?

S.I: Fue porque un proveedor nos trajo un montón de elementos de bronce que nosotras no trabajábamos y luego recuerdo que yo fui a una exposición náutica en Puerto Madero, y le dije a mi hija… “¿podríamos probar no?”. Estábamos necesitando un cambio de rubro.

L.I: Entendimos las tres, que queríamos trabajar más como proveedores de industrias, sin dejar de lado a los clientes particulares, queríamos ir por ahí. Empezamos a crecer, siempre cada una traía una idea, avanzábamos en ello, luego otra pensaba en una nueva posibilidad y así siempre fuimos un poquito más adelante. De a poco.

A.M.I: Nuestra política siempre fue ir despacio, paso a paso. Primero trajimos un filtro para un barco, luego otros modelos, duplicamos, cuadruplicamos, siempre con prudencia. Trajimos las conexiones de inoxidable, empezamos con un stock pequeño y hoy tenemos un volumen importante…

Barcos: Quisiera, ya que hablamos de ustedes y el hoy, que me definan cuál fue el legado que su padre les dejó respecto del negocio, cuál fue la impronta que llevan dentro de ustedes al estar detrás del mostrador.

L.I: Nos dejó muy claro el respeto por los pagos puntuales, la cultura del trabajo, y que era mejor no pagar intereses… respeto hacia el cliente, quien está en el mostrador enfrente tuyo es la persona más importante. Es como un lineamiento. El negocio es Casa Iriarte, es nuestro apellido, nos responsabilizamos con ello. Eso también fue algo que nuestro padre nos hizo respetar.

A.M.I: El valor de la honestidad es lo que nos inculcó desde chicas, tanto papá como mamá, eran dos luchadores, fue mucho lo que ellos lograron. Mamá trabajó hasta el último día de su vida. Venía a diario, archivaba papeles realizaba innumerables tareas acorde a sus posibilidades, porque le apasionaba estar con nosotras. Incluso, nos hacía un cafecito a todas…

S.I: Cuando mamá se hace cargo del negocio de Cazón 80, los proveedores y los clientes, dado su personalidad, la ayudaban muchísimo; eso también fue una enseñanza de saber pedir ayuda y luego de aprender, poder brindar un mejor servicio al cliente. Ese es el valor agregado, es el “en qué lo puedo ayudar” lo que nos queda de legado también.

Barcos: Miremos al futuro. ¿Cómo viene el staff de la nueva generación?…

L.I: Además de nosotras tres está Lilian, que es la cuñada de Silvia y mi hijo, José que estudió administración de empresas y quiere seguir con el negocio familiar. Está Lucas, que es el sobrino de Silvia y estudia Arquitectura Naval, Alejandro Martín (hijo de Ana María) viene esporádicamente, y estudia Arquitectura Civil, además de Tomás y Ana que trabajan con nosotros. Es importante decir, que tanto los hijos de Silvia como los de nuestra hermana Norma (fallecida), todos trabajaron en la firma en algún momento… en vacaciones empezaron sus primeras experiencias de mostrador, de atender, de ir a un banco… Laura, la hija de Silvia, es quien nos diagrama el stand en cada exposición náutica, por ejemplo.

Barcos: Algún proyecto a mediano plazo.

A.M.I: Nosotros hemos logrado nuestro propio estilo de crecimiento. Al ser proveedores de astilleros, cuando hay un nuevo proyecto de barco, acompañamos el desarrollo del mismo. Hacemos inversión en el equipamiento para tener siempre stock suficiente, de partes nuevas o standard de las unidades que se irán construyendo, asesorando si es necesario, ofreciendo nuevos productos y alternativas, o consiguiendo lo que nos piden. Siempre estamos para ofrecer nuestros productos de punta a punta.

Barcos: Del gran stock de productos, me gustaría saber cuánto es de origen nacional y cuánto de importado… y cuántos ítems tienen en estantería.

S.I: Tenemos más de siete mil artículos… bastante más. Respecto de los porcentajes, todo lo importado es solamente lo que aquí no se produce. Lo nacional siempre fue prioritario pero debimos traer accesorios importados que por diversas razones aquí no se producen.

L.I: En momentos en que se cerró la importación hicimos una buena inversión en producir algunos elementos que no había en el mercado, suplantamos bastante mercadería por producción nacional, como ser mangueras y filtros, por ejemplo, de distintas dimensiones poco comunes en el mercado local. Pero después, al abrirse la importación, en especial de China, es difícil seguir fabricando. Pero bueno, así son las cosas….

A.M.I: En porcentaje, te diría que un 70% es nacional. Hay filtros que aquí no existen. 

Barcos: Es decir, han invertido en desarrollo de producto cuando se cierra la frontera comercial…

S.I: Si, son las reglas del juego, acomodándonos a cada coyuntura. Podremos ampliarnos ediliciamente y,  por supuesto proyectar a otros espacios de negocio.

Barcos: Para ir cerrando, quisiera una visión futurista: que cada una me diga cómo se ven en este negocio en unos años, cómo creen que será nuestro mercado.

A.M.I: Mirá, yo me veo trabajando, sabiendo que algo bueno va a venir. Siempre hicimos esfuerzos y trabajamos duro. Y así seguiremos.

S.I: Estaremos en este negocio y seguramente ampliaremos la provisión de insumos a otras industrias, creemos que aún hay mucho por desarrollar. Ampliamos  la variedad hacia otros mercados, no podemos ponernos un techo.

L.I: También estamos trabajando fuerte con las ventas en red, que es otra variante que no puede descuidarse, que es el futuro y que nos suma trabajo, asesoramiento e inversión. Trabajamos con el interior, en las grandes ciudades y puertos importantes del país, Santa Fe (Rosario), Misiones, Córdoba, Ushuaia, Entre Ríos, Corrientes, Neuquén (Angostura, San Martín de Los Andes), Rio Negro (San Carlos de Bariloche) Chubut (Puerto Madryn)… gente que nos ha visitado, o no, que realizan sus compras y pedidos en línea. Tenemos clientes de Paraguay, Uruguay y Brasil, que vienen o piden equipamiento con frecuencia. Todas tenemos confianza, esto va a mejorar y va a seguir.

A.M.I: Somos optimistas. Este negocio lo formó una sola persona y todas vivimos de este mismo negocio. Somos afortunadas, trabajamos mucho y aprendemos siempre, estudiamos cada nuevo producto para poder asesorar mejor.

S.I: Sin lugar a dudas, hemos recorrido un largo camino. Si un astillero instala in motor, nosotras proveemos todo, desde la carga de combustible hasta la salida del escape, de punta a punta. Nos costó mucho esfuerzo lograr ese combo y sus infinitas variantes, con asesoramiento incluido, pero somos quienes lo hacemos, es un buen servicio, es lo que nos distingue.

Barcos: Fue un placer escuchar su historia de vida. Gracias a las tres.

arte@barcosmagazine.com

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