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¿De qué lado está usted?

¿La tecnología ha quitado el encanto de la navegación? ¿Es la tecnología avanzada necesaria para mejorar la venta de embarcaciones? Por Gustavo Revel Efectivamente huracanes, tormentas de agua y viento, posibles sismos y demás catástrofes climáticas pueden

¿La tecnología ha quitado el encanto de la navegación? ¿Es la tecnología avanzada necesaria para mejorar la venta de embarcaciones?

Por Gustavo Revel

Efectivamente huracanes, tormentas de agua y viento, posibles sismos y demás catástrofes climáticas pueden detectarse por sofisticados sistemas. Hemos llegado a fotografiar el agujero negro en galaxias ubicadas a millones de kilómetros de nuestro planeta, las operaciones quirúrgicas que se realizan son cada vez más avanzadas y exitosas, incluso los transplantes de órganos son hoy moneda corriente; pero… nada, ningún sistema, aparato o profecía puede anticipar o predecir por qué la economía nos juega otro temporal. Seguimos sufriendo este mar de altibajos económicos, y quien no está seguro en puerto, debe capearlo como sea. Por eso, y para que nuestra mente se mantenga activa, propongo este tema para pensar. O debatir. O para sacarlo de foco por un rato.  

El avance tecnológico es irrefutable. La electrónica se adueñó de las embarcaciones: motorización, sistemas de gobierno, instrumentos, instrumental de navegación, pantallas, iluminación, audio, video, avances en los sistemas constructivos, alarmas, comunicaciones, etc.

La siguiente pregunta involucra cuestiones puntuales: ¿tiene un barco que ser un verdadero sistema electrónico conjunto  para comandarlo o  la mano del hombre debe ser quien lleve el timón y los sistemas esenciales, como en los no tan viejos tiempos? 

¿Es necesaria tecnología de punta para vender más embarcaciones? 

Se plantean dos posturas… y el ejercicio es saber su opinión, la cual seguramente ya tiene mentalmente armada… pero no definida. Veamos:

Estados Unidos y Europa debaten si la tecnología ha quitado el encanto de la navegación.

Y también el encanto de vender más.  Astilleros, barco – partistas, fabricantes de motores e instrumental  y muy especialmente los dealers, encuentran en ese debate una causa común: las crisis económicas y recesión mundial que afectan en forma alternada alguna parte del globo. Y tienen dos visiones diferentes respecto al tema.

Luego de la crisis americana de hace apenas una década-  hoy en casi total  recuperación- y Europa –en consonancia con la americana y de sus propios problemas de la Comunidad-, ahora parece una foto bastante lejana; todos, de una u otra forma, trataron de volver a “conectar” a los potenciales clientes con embarcaciones y tecnología más modesta, la que abandonaron a fines del 2010, aunque hoy los barcos están con todo lo que se le pueda poner, tecnológicamente hablando.

Así planteadas las cosas, las ideas se confundieron un poco,  ya que el mercado pedía embarcaciones accesibles en costo, dejando de lado tecnología super en todos los componentes, motorización y electrónica de punta; obviamente se mezcla el argumento de cual es el foco del debate, que en realidad no es tan mercadotécnico.

La idea de este debate no es si los barcos deben ser más austeros en equipamiento para lograr mejor valor para vender o comprar. Es quizás un debate  hasta más ¨romántico¨. Es simplemente saber opiniones de usuarios que quieren navegar con sus propios conocimientos y otros que priorizan toda la tecnología para llevar el barco en forma electrónica y vivir a bordo con todo el confort que ello implica. Las respuestas se centralizan en dos vertientes: sí (a favor de más tecnología) o no (a favor del franco arte de navegar); aquí daremos algunos de los conceptos que sostienen cada una de esas respuestas. 

Vamos por el SI tecnológico: “La revolución tecnológica va a llevar al nauta a un nuevo nivel de mercado”

La tecnología ha quitado el encanto de navegar. Es una posible verdad. Pero la tecnología ha quitado otras cosas de la navegación, como el humo, los olores a combustible, los derrames de gasolina, la contaminación, los ruidos excesivos, los riesgos que todo “explote” por los aires al conectar baterías, el posicionamiento exacto, performances y ahorro de combustible, maniobras precisas en puerto o amarra, etc…

La tecnología ha logrado sorprender a los más temerosos nautas que al ingresar a la marina se encomendaban a Neptuno para tomar amarra sin hacer papelones. Hoy un joystick permite que se maniobre sin problemas en una marina apretada, con viento lateral fuerte o con una tribuna de espectadores que esperan, ansiosos, una equivocación y un “strike” de los barcos vecinos. Las pantallas táctiles de motores predicen todo: desde la vida misma del motor, su historial, su regulación, consumo, horas de autonomía, índices de performance. Todo se sabe. Si algo no funciona, éste se autoprotege y baja las rpm garantizando llegar a puerto. Claro es también que la electrónica de instrumentos e instrumental de nave-gación es simplemente casi perfecta. Sistemas sofisticados de radar, pilotos automáticos, plotters, chart plotters, cámaras de visión nocturna y todo el arsenal de equipamiento que puede interfacearse hace que se pueda navegar a ciegas, programando una derrota en forma precisa y segura. 

El NO tecnológico tiene su razón de ser: “Arriesgamos perder el arte, el conocimiento y la satisfacción intelectual de navegar de verdad”

Puede ser válido decir que tanta tecnología asfixia los conocimientos escenciales de navegación; también es válido decir que se ha generado una nueva cultura de navegación, la de los “ciber nautas”, por rotularlos de alguna manera. Ser buen navegante requiere un estudio exhaustivo y comprensión del clima, mareas, vientos, abatimiento, posicionamiento en cartas, maniobra, etc, etc,. A menudo, quien navega con piloto automático –en general, por supuesto-  no se preocupa tanto de lo que está sucediendo a su alrededor. Las alarmas se encargan de ello. Para muchos nautas, la navegación requiere  el estudio, el uso y la satisfacción personal de timonear el barco, desterrando la idea de que si algo es más fácil de hacer, más gente desea hacerla.

Muchos timoneles disfrutan ir a una escuela de navegación como experiencia y ampliando sus capacidades. Disfrutan también saber de las propiedades y los alcances de su barco sintiendo esos conocimientos en la yema de sus dedos. Por ejemplo, hoy la computadora gobierna la propulsión. Pero para quienes defienden la navegación tradicional, el ojo y la experiencia deben dominar la maniobra de un barco empujando una o dos palancas de acelerador y cambio en forma independiente o simultánea, pero no quedar a expensas de la perfecta interpretación de una computadora.

Aquí se habla de perder la esencia del arte de navegar por la sencillez de conducir. Se plantea una postura que quiere que la navegación recreativa en términos generales no pierda sus particularidades, su esencia y su entorno de aprendizaje universal antes que la tecnología devore todo esos pasos y los resuma a interpretar y utilizar programas, pantallas y teclados. 

Un aporte más para su análisis

No es válido decir que los avances tecnológicos no sirven, es una postura estúpida.

Hablemos del tema comercial puntualmente. Quizás sirva para entender o sumar posición por el SI ó el NO.

Vender tecnología de punta es un buen negocio. Uno vende placer y seguridad…. si alguien está dispuesto a pagar por ello. ¿Quién no querría un motor de nueva generación que ofrece una performance perfecta? ¿Quién no querría construir y vender barcos sofisticados, con todo lo que el mercado ofrece para que el usuario haga menos y disfrute más? ¿Quién puede decirle a la industria que no investiguen y no avancen más en la búsqueda y la perfección tecnológica? Millones de personas trabajan de y por ello. 

Pero si el mercado está en crisis, astilleros y dealers necesitan rearmar programas de ventas sin costos one-rosos. De esta forma, se reactivaría el mercado básico, con embarcaciones más austeras. Un viejo paso de baile.

Eso retrasa el desarrollo tecnológico general de todas las firmas involucradas a la náutica. Muchos proyectos se “cajonean” hasta que vuelvan las “vacas gordas” y entra a escena un reordenamiento de productos. Otros, los más lógicos a mi entender invierten  todo  su  potencial  en desarrollo, aprovechando las crisis, para salir al mercado, cuando éste se recupera, con nuevas propuestas superadoras.

Un ejemplo actual y común revela una realidad bien nuestra. Los motores de hoy día, tanto en la náutica como en la industria automotriz poseen un sistema de combustión conocido y llamado “common rail”, del cual no entraremos en detalle. El sistema es excelente…. si se le pone el combustible adecuado. Esa “tecnología de punta” es un problema en la náutica pues en muchos puntos del río no hay buen combustible, por lo cual afecta y perjudica al sistema descrito – con onerosa reparación-. Los fabricantes de motores aplican sus avances tecnológicos fuertemente presionados por las normas ambientales, entonces, van quedando pocos motores de dos tiempos, o motores de cuatro tiempo que funcionan siempre, aún con combustibles de dudosa calidad. La realidad es que muchos no quieren comprar problemas, aún cuando el dinero no es impedimento. Otros quieren tecnología de punta aunque pueda sufrir todo tipo de adversidades.

Sumamos a estos temas, sea cual fuere el producto de avanzada instalado en el barco, que no se cuenta con el soporte tecnológico adecuado; a veces, debido al factor de escala, es netamente deficiente o en el mejor de los casos, lento. De alguna forma, estos conceptos están ligados al sí ó al no. 

Como vemos, hay mucha tela para cortar. Nos interesa su opinión; pero es sólo una opinión, no una grieta. Lo que importa, es navegar. 

arte@barcosmagazine.com

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