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CLARO QUE SÍ, SOY EL TÍO DE MI SOBRINO

LAS GRANDES CASUALIDADES IV Por Hernán Luis Biasotti,  Autor de Claves para la Navegación Feliz, y libros didácticos y de relatos marineros. En el litoral marítimo que media entre la desembocadura del Plata y los estados del sur

LAS GRANDES CASUALIDADES IV

Por Hernán Luis Biasotti, 
Autor de Claves para la Navegación Feliz, y libros didácticos y de relatos marineros.

En el litoral marítimo que media entre la desembocadura del Plata y los estados del sur del Brasil es más frecuente cruzarse con pesqueros o cargueros y aún con ballenas antes que con otro velero. De hecho, el día anterior al curioso encuentro que voy a relatar se nos apareció a unos quince metros por estribor una ballena franca que sumergió su lomo negro, nos pasó debajo del casco rumbo al sol naciente y volvió a aparecer curioseándonos no lejos de nuestra aleta de babor.

En aquel viaje, mi esposa y yo veníamos volviendo de Florianópolis a Buenos Aires y ahora, al comienzo del tercer día en el mar, llevábamos izado todo el paño tratando de sacarle el jugo a la leve brisa del sudeste que siguió a un chubasco violento que hubo a la noche por la latitud del faro de Tramandaí. El mar ya se había serenado y los reflejos de su leve ondulación de aspecto aceitoso encandilaban a contraluz. Entonces, como a dos millas por la amura de babor, es decir mar afuera, María Marta divisó recortada contra el horizonte la silueta de otro velero. Iba con mayor y genoa en el mismo rumbo que nosotros. Entré a la cabina y verifiqué que nuestra radio VHF estuviera sintonizada en escucha en canal 16. No sería yo precisamente quien iba a iniciar una conversación, quienes me conocen saben que prefiero la navegación desenchufada, pero presentí que iban a hablarnos. Y así fue.

Pero hagamos un alto y retrotraigámonos a dos años antes de lo que se cuenta y situémonos en Europa. Buena parte de mi familia es italiana o vive en aquel país. Uno de mis sobrinos se llama Zeus, como el rey del Olimpo, es doctor en genética por la universidad de Bologna, su ciudad natal. Mi hermana ha elegido nombres nada comunes, sonoros y llenos de significado, para sus dos hijos: el otro se llama Arno, como el río que pasa por Florencia, es doctor en psicología por la misma universidad y además enseña a navegar en la Liga Naval Italiana. Y paro aquí con la apología de mi parentela para no convertirme en un chismoso como la Susanita de Mafalda. Lo que viene al caso es que Zeus estuvo trabajando unos años en investigación científica en un laboratorio de Alicante, España, y luego fue contratado para lo mismo por la Universidad de Harvard. Me escribió contándome que antes de mudarse a los EE.UU. se iba a tomar un año sabático y cruzaría el Atlántico con un italiano que vendría con su velero desde el Mediterráneo a Sudamérica. Me pedía algunos consejos náuticos, como es lógico porque era su primer crucero a través de un océano. Y cruzó con el dueño como capitán, y una chica que, como él, quería navegar lejos. Hicieron escala en las Islas Canarias, y llegaron a Recife en una navegación sin incidentes. Como experiencia fue positiva, pero el armador era un tipo obsesivo y de mal carácter y los jóvenes no quisieron seguir a bordo; pocos días después de arribar, él y la chica desembarcaron y cada uno se fue por su lado. 

Pero volvamos a lo del regreso de Florianópolis. De nuestra radio VHF salió una voz femenina en francés – “¿Velero en posición tal y tal, me oye?”. A lo que yo le contesto en mi francés básico –“Le oigo bien” . Le doy el nombre y posición nuestra y le pregunto, siempre en francés- “¿Cuál es el nombre de su barco?”. Entonces me dice que es el barco tal y tal de bandera italiana. A lo que yo le respondo en mi italiano que es más que pasable –“Si Uds. son italianos ¿Por qué hablan en francés?”. Y me responde en italiano – “Porque creíamos que Uds. podían ser un barco francés que conocemos, que zarpó antes de ayer a la par nuestra desde la Ensenada da Pinheira  ¿Uds. conocen la entrada a Río Grande? Hemos oído decir que llegar al club es muy difícil”. –“Sí – le contesto- Conocemos muy bien el lugar. Sígannos que los guiaremos”. Resultó que ellos eran un matrimonio así que les dijimos, siempre a un par de millas de distancia, que al arribar vinieran a bordo a cenar, que yo iba a hacer pizza casera.

Ya era de noche cuando llegamos al club, tomamos amarra primero con bastante ventaja y los guiamos con la linterna para entrar al club. Gracias a los buenos oficios del sereno que nos conocía, les conseguimos un buen lugar cerca nuestro. Les confirmé que lo de la pizza iba en serio y pasaron de su barco al nuestro con una botella de buen vino en la mano. Enseguida congeniamos.-“Nos costaba mantener el paso de Uds. nos dijo él, nuestro barco viene muy cargado, hace dos años que nos jubilamos y estamos haciendo un largo viaje para conocer los canales fueguinos”.

-Sí – contesté – Se nota, veo la línea de flotación baja. Pero conozco el diseño; son barcos muy confiables. Hace dos años mi sobrino cruzó de tripulante en uno igual de Alicante a Recife.

La pareja italiana quedó mirándose en silencio y de pronto preguntaron -¿Tu sobrino, por casualidad, se llama Zeus?

– Claro, soy su tío. Mi sobrino es hijo de una hermana mía que vive en Bologna. No me digan que lo conocen.

-¡Siií, lo conocimos en Recife! Zeus y la otra tripulante, una chica, desembarcaron de un barco gemelo al nuestro porque el dueño era insoportable. Allí nos hicimos amigos. No me digas que ustedes son sus tíos navegantes de los que nos habló tanto. Sos la persona que nos recomendó contactar en Buenos Aires ¡Y ya te encontramos en alta mar antes de llegar!

Hicimos algunos paseos los dos matrimonios por Río Grande y nosotros seguimos viaje. Ellos se quedaron más porque tenían todo el tiempo del mundo, y más adelante cumplieron su sueño de llegar al Sur. Y nos visitaron a su paso por Buenos Aires. No sé si todavía siguen viajando. Hoy en día es fácil averiguar donde estamos todos, pero no hay nada más mágico que conocerse o encontrarse por casualidad. Ω

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