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Álvares Cabral y la Segunda Armada Portuguesa de la India

SEGUNDA PARTE - Por Guillermo Rodríguez “Avistamos la India el 22 de agosto. Era tierra del reino de Goga [Goa]. Tan pronto la reconocimos, avanzamos hasta llegar a una pequeña isla llamada Angradida [Anjediva] que pertenece

SEGUNDA PARTE – Por Guillermo Rodríguez

“Avistamos la India el 22 de agosto. Era tierra del reino de Goga [Goa]. Tan pronto la reconocimos, avanzamos hasta llegar a una pequeña isla llamada Angradida [Anjediva] que pertenece a un moro. En su interior hay un gran lago de agua dulce. La isla está deshabitada y se halla a dos millas de tierra firme”.

Anónimo “Paesi novamente retrovati” (1507)

La Segunda Armada Portuguesa de la India (1500- 1501) al mando de Pedro Álvares Cabral marcó un punto de inflexión en la expansión marítima de Portugal. En los primeros cinco años del siglo XVI, el rey Manuel I envió seis Armadas –ochenta y un barcos en total– a la costa sudoccidental india para participar del lucrativo comercio de pimienta de la región. La expedición de Álvares Cabral aprovechó toda la información proporcionada por su antecesor Vasco da Gama. Así, la fecha de la partida se fijó de acuerdo al régimen de los vientos monzones y los pilotos siguieron la ruta utilizada por la Primera Armada. Para comunicarse con el “zamorín” (rey) de Calicut, Álvares Cabral llevaba intérpretes del malabar (el idioma local) encabezados por el políglota Gaspar da Gama quien además aportaba sus conocimientos de las costumbres del lugar. Para persuadir al monarca indio de que otorgara el permiso para el establecimiento de una “feitoria” (puesto comercial) en la ciudad, la flota transportaba artículos de lujo como coral, cobre, pigmento bermellón, mercurio, terciopelo, raso y monedas de oro. El experimentado mercader Aires Correa (que hablaba árabe) dirigía un grupo de escribientes y secretarios que llevarían registro de todo lo acordado.

El 2 de mayo de 1500, después de aprovisionarse de agua y alimentos, la escuadra zarpó de Porto Seguro (en el li-toral noreste del actual Brasil). Durante un par de días, Álvares Cabral navegó con rumbo sur hasta que viró hacia el este en dirección a África. Dos semanas más tarde una tempestad se abatió sobre las embarcaciones. Un cronista anónimo escribió: “cuatro navíos se perdieron con todos a bordo sin que pudiéramos ayudarlos de ninguna manera”. Unos cuatrocientos tripulantes perecieron, entre ellos Bartolomeu Dias, quien doce años antes había sido el primer europeo en doblar el cabo de Buena Esperanza en el extremo sur africano. El resto de la flotilla prosiguió con las velas arriadas durante varios días. Álvares Cabral reagrupó un remanente de seis buques y tras sobrepasar el cabo de Buena Esperanza, arribó a mediados de junio al archipiélago de las Primeras y Segundas, frente a la costa del actual Mozambique. Una séptima nave, al comando de Diogo Dias –hermano de Bartolomeu–, perdió contacto con la escuadrilla, marchó hacia el norte (hasta la entrada del mar Rojo) y luego retornó a Lisboa. En el camino de regreso avistó (por primera vez, para un europeo) la isla de Madagascar a la que denominó isla de São Lourenço. Mientras tanto, Álvares Cabral atracó en la isla de Mozambique donde permaneció diez días para efectuar reparaciones en los barcos. Las autoridades locales abastecieron de agua a los extranjeros y les proveyeron un piloto para conducirlos hasta el puerto de Kilwa Kisiwani (en la actual Tanzania), uno de los principales centros comerciales del litoral oriental de África. Los portugueses amarraron en sus muelles a finales de julio. Álvares Cabral inició negociaciones con el sultán de Kilwa para firmar un acuerdo de negocios pero al soberano no le interesó una propuesta que sólo beneficiaba a los forasteros. Pronto los expedicionarios partieron hacia Malindi (en la actual Kenia) donde recalaron a comienzos de agosto. Allí fueron bien recibidos por el sultán del lugar que les proporcionó suministros y un piloto para cruzar el Índico hasta la India. El 7 de agosto la flota zarpó de Malindi y puso proa hacia Calicut.

Dos semanas después Álvares Cabral alcanzó la costa de Malabar india y fondeó en la isla Anjediva, seiscientos cincuenta kilómetros al norte de Calicut. Dos años antes Vasco da Gama había hecho una escala en el islote para calafatear sus navíos: Álvares Cabral hizo lo mismo. Esta era la ruta empleada para transportar los embarques de pimienta desde Calicut hacia el golfo Pérsico y el mar Rojo. El propósito de la Segunda Armada era fundar la primera “feitoria” de los lusitanos en Asia por lo que las órdenes de Álvares Cabral eran establecer relaciones amistosas con el “zamorín” de Calicut. Sin embargo, las instrucciones secretas dadas al jefe de la escuadra de Portugal mandaban –fuera de la jurisdicción del rey malabar, en mar abierto– atacar las embarcaciones de los mercaderes árabes: “si usted encuentra en alta mar buques que pertenezcan a musulmanes de La Meca  debe  tratar de apoderarse de e-

llos, de su cargamento y pertenencias, y capturar a los musulmanes a bordo (…), y guerrear con ellos y provocarles el mayor daño posible…”. La hostilidad hacia el Islam expresaba un enfrentamiento religioso pero también una rivalidad política y económica. Por otra parte, los portugueses creían que los hindúes de la costa de Malabar eran cristianos de una variedad exótica. El problema radicaba en que eran los islamitas –armadores yemeníes y mercaderes indios musulmanes– quienes controlaban el tráfico de especias a través del océano Índico.

Hasta la llegada de los lusitanos, en el Índico imperaba el principio de “mar libre”, es decir, abierto a la navegación de barcos de todas las naciones. Con el envío de las Armadas de la India esta situación cambiaría: el objetivo de Portugal era monopolizar el abastecimiento de especias a Europa. Mediante el uso de los cañones. Durante un par de semanas, Álvares Cabral esperó –sin éxito– en la isla Anjediva el paso de alguna nave árabe para emboscarla. Al final, decidió continuar viaje. El 13 de septiembre arribó a Calicut, siguiendo al pie de la letra sus instrucciones, “con sus buques juntos y formados en buen orden, con sus banderas y estandartes izados con la mayor elegancia que le sea posible”. 

(Continuará).

arte@barcosmagazine.com

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