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DE CHURCHILL, CACEL, LA INDUSTRIA Y EL EXTRAÑO EMBRUJO DE LA PRODUCCIÓN

  Opinión – Gustavo Revel “Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del

 

Opinión – Gustavo Revel

“Muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir; otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar; pero muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”

Winston Churchill

Vaya frase de este gigante de la historia para quienes, de una forma u otra, no entienden sobre la importancia de las empresas, en este caso, a la actividad náutica en su conjunto. Mis años de vida me dieron la posibilidad de participar, de las más diversas formas, de las 22 muestras de la industria naval argentina, siempre organizadas por Cacel, la Cámara que nuclea nuestra actividad, de casi medio siglo de vida.

Recordar cada una de esas muestras es recordar la propia historia del país. En cada Salón, los distintos gobiernos capeaban temporales económicos y sociales, con cambio de leyes, cambios de presidentes, renuncias, cambio de reglas en materia de moneda –y hasta la moneda misma-, inflación, deflación, estanflación, importaciones libres ilimitadas o reguladas, restringiendo ingreso de barco partes, con cupos de motores asignados a construcciones con aranceles diferenciados, sin créditos, con impuestos onerosos, con trabas en cartas de créditos, con pagos adelantados para exportar, sin reintegros, etc, etc, etc. Literalmente, la teoría pendular se cumplió a rajatabla, de un lado a otro, sin equilibrio, sin siquiera tiempo ni previsión para al menos ordenar una producción sin cambios por unos dos o tres años, garantizados.

Nuestra industria no es menos importante que ninguna otra. ¿Qu es una industria de placer? Tal vez, igual que la construcción, para quien desee o pueda comprar una segunda casa en cualquier balneario bonaerense o esteño. Esas no son excusas para no ayudar a un mercado que ocupa más del 80% de sus horas hombre en mano de obra neta y pura. Argentina necesita embarcaciones, y no sólo deportivas. Millones de kilómetros cuadrados de mar, miles de km de ríos navegables, lagos, diques, canales. Un país rico en hidrografía, pero con muy pocas embarcaciones (deportivas) en relación a su población (0.4%). Todo es difícil en nuestro país. Pero la industria náutica (como muchas otras), parece que asumen esa realidad, que hacen cayo y siguen, con esfuerzo sobrehumano; siempre hay más problemas que soluciones para este puñado de productores que hacen su mejor y más positivo esfuerzo por seguir adelante: como sea. Traer al nuevo público al río es una tarea titánica, máxime en momentos como los actuales. Pero hay mucho más por hacer. La dinámica de los tiempos que corren, en especial en el mundo, hacen que la náutica toda se reinvente en forma constante. Todos necesitan acomodarse a las nuevas normas de mercado, a los hábitos variables de los clientes, y a sus presupuestos. Astillero Regnícoli acaba de cumplir 94 años de vida. Menuda tarea la de sus fundadores y herederos. Todos esos años en Argentina, para una Pyme familiar, merece un premio especial, simplemente por haber llegado sin caer ni claudicar. Pero no todos son Regnícoli; los hay parecidos, de mayor o menores recursos, etc. Aun entendiendo que tenemos en la espalda el bendito factor de escala en contra, la pregunta del millón es: ¿merece la náutica estar siempre al filo de alguna nueva “bolsa en la hélice”, tales como cambio de reglas económicas, políticas, municipales y de otros entes estatales? ¿Existe la posibilidad de diálogo con los funcionarios más altos del país que sepan escuchar lo que necesitamos para seguir sobreviviendo? ¿Podríamos negociar alguna quita importante de impuestos con un plan global a cambio de exportación? ¿Es necesario que el Salón Náutico sea reinventado, y con períodos más largos entre muestra y muestra, o diferenciado en cuanto a los expositores, o itinerante? ¿Podemos negociar con la Secretaría de Industria algunas nuevas ideas, ayudas, promociones de verdad, capacitación, reingeniería de su producción, compra de maquinaria a tasas preferenciales, difusión etc, etc? ¿Podríamos conseguir más astilleros juntos, con problemas comunes y no separados, con similares problemas? Este Salón demostró, más allá de resultados y números, que quienes fueron de la partida y muchos otros que no participaron siguen haciendo un titánico esfuerzo para subsistir, para seguir, sin desarmar sus planteles. Tener ventas aseguradas por una temporada es subsistir. Las empresas no se hacen para subsistir, sino para crecer y desarrollarse, para expandirse. Y quienes están timoneando los destinos del conjunto tienen la tarea, de reinventarse, a su máxima expresión, replantearse algunas metas, unir y sobre todo, carpeta bajo el brazo, caminar la calle y seguir golpeando puertas, incansablemente; el mejor ejemplo son sus propios asociados que, aún en las peores tormentas, siempre sacan algún modelo nuevo, apostando todo.

Es tiempo de apostarlo todo, aprovechando una vez más, la eterna coyuntura que nos ofrece la historia de hoy.

arte@barcosmagazine.com

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